Lipedema o celulitis, cómo distinguirlos en casa antes de venir a consulta
Cinco señales que separan el lipedema de la celulitis y de la simple retención de líquidos, explicadas por el equipo de la Unidad de Lipedema. Si te reconoces en tres, pide consulta.

Casi todas las pacientes que llegan a la Unidad de Lipedema nos cuentan lo mismo: años oyendo que era celulitis, que era retención de líquidos, que era cuestión de comer menos. Y años probando cremas, drenajes y dietas que arreglaban todo menos las piernas.
La confusión tiene una explicación: el lipedema es una enfermedad poco conocida, que no está reconocida oficialmente en muchos países y que se parece por fuera a otras cosas mucho más frecuentes. Pero hay señales que la delatan, y se pueden observar en casa antes de venir a consulta.
1. Duele
Es la señal más importante. La celulitis puede dar piel de naranja, hoyuelos y sensación de pesadez, pero no duele. El lipedema sí: duele al apretar, duele espontáneamente al final del día, duele con el calor y a menudo empeora antes de la regla. Muchas pacientes describen quemazón, tirantez o la sensación de tener las piernas “llenas”.
Si aprietas con el pulgar la cara interna del muslo o de la rodilla y te duele más de lo que esperabas, apunta.
2. Salen moratones sin motivo
En el lipedema los capilares del tejido graso son frágiles y sangran con roces mínimos. El resultado son hematomas que aparecen sin que recuerdes ningún golpe, o con golpes que en otra persona no dejarían marca. En la celulitis y en la retención de líquidos esto no pasa.
3. Es simétrico y respeta los pies
El lipedema afecta a las dos piernas por igual, desde las caderas hasta los tobillos, y se para en seco en el tobillo: los pies quedan libres, con un escalón visible. En etapas avanzadas pasa lo mismo en los brazos, respetando las manos.
La retención de líquidos y el linfedema suelen ser asimétricos o afectar a un solo lado, y sí hinchan el pie, el dorso y los dedos. Hay una maniobra sencilla que usamos en consulta, el signo de Stemmer: intenta pellizcar la piel del dorso del segundo dedo del pie. Si no puedes levantarla, orienta a linfedema; si puedes, no.
4. Las dietas no lo tocan
Esta es la que más frustra. Con una dieta se pierde peso en la cara, el pecho, la tripa… y las piernas siguen exactamente igual. Es porque la grasa del lipedema es un tejido enfermo que no responde a la pérdida de peso como la grasa normal. No es falta de constancia. Es la enfermedad.
Ojo: hasta la mitad de las pacientes con lipedema tienen además sobrepeso, y esa parte sí mejora con la dieta. Por eso a veces se ve una mejora parcial que despista.
5. Se palpan nódulos
Si pellizcas suavemente la piel del muslo y la haces rodar entre los dedos, en el lipedema se notan pequeños nódulos, como granos de arroz o guisantes, dentro del tejido graso. Con el tiempo se hacen más grandes y forman lóbulos, sobre todo en la cara interna de las rodillas. La celulitis da irregularidades en la superficie, no bultos en profundidad.
Si te reconoces en tres o más
No hace falta tener las cinco señales. Si tienes dolor, hematomas fáciles y piernas simétricas que no cambian con la dieta, la probabilidad de que sea lipedema es alta, y merece la pena que te vea alguien que conozca la enfermedad.
El diagnóstico es clínico (así se hace): en la primera consulta te exploramos de pie y tumbada, repasamos tu historia (cuándo empezó, si coincidió con la pubertad, un embarazo o la menopausia, si hay antecedentes en la familia) y te decimos de qué tipo y grado se trata. No hacen falta pruebas caras para ponerle nombre. Y una vez tiene nombre, tiene tratamiento.
Este artículo es información general y no sustituye a una consulta. Si te reconoces en lo que cuenta, lo mejor es que te vea el equipo.