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Lipedema o celulitis, cómo distinguirlos en casa antes de venir a consulta

Cinco señales que separan el lipedema de la celulitis y de la simple retención de líquidos, explicadas por el equipo de la Unidad de Lipedema. Si te reconoces en tres, pide consulta.

Dr. Pedro Pablo Martín Marfil

Mano pellizcando la piel del muslo

Casi todas las pacientes que llegan a la Unidad de Lipedema nos cuentan lo mismo: años oyendo que era celulitis, que era retención de líquidos, que era cuestión de comer menos. Y años probando cremas, drenajes y dietas que arreglaban todo menos las piernas.

La confusión tiene una explicación: el lipedema es una enfermedad poco conocida, que no está reconocida oficialmente en muchos países y que se parece por fuera a otras cosas mucho más frecuentes. Pero hay señales que la delatan, y se pueden observar en casa antes de venir a consulta.

1. Duele

Es la señal más importante. La celulitis puede dar piel de naranja, hoyuelos y sensación de pesadez, pero no duele. El lipedema sí: duele al apretar, duele espontáneamente al final del día, duele con el calor y a menudo empeora antes de la regla. Muchas pacientes describen quemazón, tirantez o la sensación de tener las piernas “llenas”.

Si aprietas con el pulgar la cara interna del muslo o de la rodilla y te duele más de lo que esperabas, apunta.

2. Salen moratones sin motivo

En el lipedema los capilares del tejido graso son frágiles y sangran con roces mínimos. El resultado son hematomas que aparecen sin que recuerdes ningún golpe, o con golpes que en otra persona no dejarían marca. En la celulitis y en la retención de líquidos esto no pasa.

3. Es simétrico y respeta los pies

El lipedema afecta a las dos piernas por igual, desde las caderas hasta los tobillos, y se para en seco en el tobillo: los pies quedan libres, con un escalón visible. En etapas avanzadas pasa lo mismo en los brazos, respetando las manos.

La retención de líquidos y el linfedema suelen ser asimétricos o afectar a un solo lado, y sí hinchan el pie, el dorso y los dedos. Hay una maniobra sencilla que usamos en consulta, el signo de Stemmer: intenta pellizcar la piel del dorso del segundo dedo del pie. Si no puedes levantarla, orienta a linfedema; si puedes, no.

4. Las dietas no lo tocan

Esta es la que más frustra. Con una dieta se pierde peso en la cara, el pecho, la tripa… y las piernas siguen exactamente igual. Es porque la grasa del lipedema es un tejido enfermo que no responde a la pérdida de peso como la grasa normal. No es falta de constancia. Es la enfermedad.

Ojo: hasta la mitad de las pacientes con lipedema tienen además sobrepeso, y esa parte sí mejora con la dieta. Por eso a veces se ve una mejora parcial que despista.

5. Se palpan nódulos

Si pellizcas suavemente la piel del muslo y la haces rodar entre los dedos, en el lipedema se notan pequeños nódulos, como granos de arroz o guisantes, dentro del tejido graso. Con el tiempo se hacen más grandes y forman lóbulos, sobre todo en la cara interna de las rodillas. La celulitis da irregularidades en la superficie, no bultos en profundidad.

Si te reconoces en tres o más

No hace falta tener las cinco señales. Si tienes dolor, hematomas fáciles y piernas simétricas que no cambian con la dieta, la probabilidad de que sea lipedema es alta, y merece la pena que te vea alguien que conozca la enfermedad.

El diagnóstico es clínico (así se hace): en la primera consulta te exploramos de pie y tumbada, repasamos tu historia (cuándo empezó, si coincidió con la pubertad, un embarazo o la menopausia, si hay antecedentes en la familia) y te decimos de qué tipo y grado se trata. No hacen falta pruebas caras para ponerle nombre. Y una vez tiene nombre, tiene tratamiento.

Este artículo es información general y no sustituye a una consulta. Si te reconoces en lo que cuenta, lo mejor es que te vea el equipo.

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