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Por qué la dieta no elimina el lipedema (y para qué sirve entonces)

La grasa del lipedema no responde a la pérdida de peso como la grasa normal. Explicamos por qué, qué parte sí mejora con la alimentación y qué papel tienen el ejercicio y la compresión.

Dr. Pedro Pablo Martín Marfil

Aceite de oliva, aceitunas y verduras frescas

“He hecho todas las dietas y las piernas siguen igual.” Es la frase que más veces se repite en la primera consulta de la Unidad de Lipedema. Y detrás suele haber años de culpa que no tocaba.

La grasa del lipedema es distinta

El tejido graso normal es un almacén: cuando comes menos de lo que gastas, el cuerpo tira de él y se reduce. La grasa del lipedema no funciona así. Es un tejido inflamado, con nódulos y con capilares frágiles, que responde a los estrógenos y a la predisposición genética mucho más que al balance de calorías.

Por eso pasa lo que pasa: con una dieta se adelgaza la cara, el pecho, la cintura, y de las caderas para abajo no cambia nada. No es que la dieta esté mal hecha. Es que está actuando sobre la grasa que sí responde, y el lipedema no está ahí.

Eso también explica por qué hay mujeres delgadas con lipedema evidente en las piernas. La báscula no diagnostica esta enfermedad.

Entonces, ¿para qué sirve cuidar la alimentación?

Para bastante, aunque no para lo que se espera.

Para la parte que sí es sobrepeso. Hasta la mitad de las pacientes con lipedema tienen además exceso de peso, y esa parte sí mejora con la alimentación. Perderla alivia las articulaciones, mejora la movilidad y hace más segura la cirugía si llega a hacer falta.

Para la inflamación y el dolor. La nutrición clínica, adaptada a cada etapa, es una pauta individualizada que mejora hábitos, composición corporal y bienestar, y reduce los síntomas en muchas pacientes. No quita la grasa enferma, pero baja el dolor y la sensación de pesadez.

Para no empeorar. Las subidas de peso aceleran la progresión del lipedema. Mantener un peso estable frena la enfermedad.

Los otros tres pilares del tratamiento conservador

La nutrición no va sola. El tratamiento conservador del lipedema se apoya en cuatro cosas, y todas suman:

  • Compresión. Medias o prendas a medida que reducen el edema y el dolor. Elegir bien la prenda, en talla y compresión, es media terapia. Se usan a diario y también después de la cirugía.
  • Ejercicio adaptado. Actividad de bajo impacto que active la circulación sin castigar las articulaciones: ejercicio en el agua, bicicleta, caminar, fuerza suave. El impacto repetido (correr en asfalto, saltar) suele empeorar el dolor.
  • Fisioterapia y drenaje linfático manual. Sobre todo cuando ya hay componente de linfedema añadido.

Con esto se gana calidad de vida, se frena la progresión y se llega a la cirugía, si procede, en mejores condiciones.

Lo que el tratamiento conservador no puede hacer

Eliminar la grasa enferma. Ningún tratamiento conservador la reduce de forma significativa; solo la cirugía WAL lo consigue. Por eso en la Unidad de Lipedema hacemos las dos cosas: el manejo conservador para todas las pacientes, y la técnica WAL para las que la necesitan. Decidir cuál toca en cada momento, y en qué orden, es lo que hacemos en consulta.

Si llevas tiempo a dieta y las piernas no cambian, deja de buscar la dieta perfecta. Busca el diagnóstico.

Este artículo es información general y no sustituye a una consulta. Si te reconoces en lo que cuenta, lo mejor es que te vea el equipo.

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