Hemorroides, tratamiento y cirugía en Madrid
Excelencia y superespecialización en su tratamiento
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Casi todo el mundo tendrá hemorroides sintomáticas alguna vez. La mayoría se resuelven sin quirófano, y las que necesitan cirugía hoy se operan con técnicas que duelen mucho menos que la clásica.

Las hemorroides no son una enfermedad rara ni un castigo por nada: son unos cojinetes vasculares que todos tenemos en el canal anal y que forman parte de la continencia normal. El problema aparece cuando se dilatan, sangran, se prolapsan o se trombosan. Entonces dejan de ser anatomía y pasan a ser patología.
Por qué aparecen
No hay una sola causa. Lo que sí hay son factores que se repiten en consulta: estreñimiento crónico y esfuerzo al defecar, pasar mucho tiempo sentado en el váter (hoy, con el móvil, muchísimo más que antes), embarazo y parto, obesidad, y una parte de predisposición familiar que no se elige.
Los síntomas que traen a la consulta
- Sangrado, casi siempre rojo vivo, al final de la deposición y sin dolor.
- Bulto que sale al defecar y se mete solo, o que hay que meter con el dedo, o que ya no se mete.
- Dolor agudo, que suele indicar una trombosis hemorroidal.
- Picor, escozor y manchado en la ropa interior.
El sangrado es el síntoma que nunca hay que dar por supuesto. Que alguien tenga hemorroides no significa que el sangrado venga de ellas, y esa confusión retrasa diagnósticos importantes. Por eso, según la edad y los antecedentes, la consulta puede terminar con una petición de colonoscopia aunque las hemorroides estén ahí a la vista.
Los cuatro grados
La clasificación de las hemorroides internas manda en el tratamiento:
- Grado I. No salen. Sangran.
- Grado II. Salen con el esfuerzo y se reducen solas.
- Grado III. Salen y hay que reducirlas manualmente.
- Grado IV. Están fuera permanentemente y no se pueden reducir.
Cuándo no hace falta operar
La mayoría de los grados I y II se controlan sin quirófano: corregir el estreñimiento de verdad (fibra, agua y, sobre todo, no forzar), reducir el tiempo sentado en el váter, tratamiento tópico en los brotes y procedimientos que se hacen en la propia consulta, como la ligadura con banda elástica.
Esto no es una manera elegante de dar largas: es que en esos grados funciona, y la cirugía tiene un coste en dolor y en tiempo que no compensa si hay alternativa.
Cuándo sí, y con qué técnica
Se opera cuando el grado es avanzado, cuando el prolapso condiciona la vida diaria, cuando el sangrado es repetido y no cede, o cuando ha fallado lo anterior. Lo que ha cambiado no es la indicación, es la técnica.
- Láser y radiofrecuencia. Cierran el paquete hemorroidal desde dentro sin abrir la mucosa. Menos dolor postoperatorio y vuelta antes a la vida normal.
- Técnicas de mucopexia. Reposicionan el tejido prolapsado en lugar de extirparlo.
- Hemorroidectomía clásica. Sigue siendo la opción en los casos más avanzados, y en esos casos es la que mejor resuelve. Se explica de antemano lo que implica.
Cuál de ellas te corresponde no se decide por catálogo ni por teléfono: depende del grado, del número de paquetes, de si hay componente externo y de tu suelo pélvico. Se decide en consulta, con la exploración hecha.
La recuperación
Con las técnicas mínimamente invasivas, la mayoría de los pacientes vuelven a su actividad en pocos días y el ingreso no suele pasar de unas horas. Con la cirugía clásica hay que contar con una recuperación más larga y con molestias durante las primeras deposiciones, que se controlan con analgesia pautada y con un tránsito bien regulado.
En todos los casos, lo que evita la recaída es lo mismo y no es glamuroso: comer con fibra, beber agua, no forzar y no vivir en el váter.