Fisura anal: por qué duele tanto y cómo se cura
Excelencia y superespecialización en su tratamiento
Una unidad dedicada a tu patología, con cirujanos centrados en ella.
Una herida de milímetros que puede llegar a condicionar el día entero. La mayoría curan con tratamiento médico bien hecho; las que no, se resuelven con una cirugía sencilla.

La fisura anal es un desgarro en el revestimiento del canal anal. Es pequeña, no se ve desde fuera en muchos casos, y produce uno de los dolores más intensos de la patología benigna: un dolor cortante al defecar que puede seguir durante horas después.
El círculo que la mantiene abierta
Lo que explica la fisura crónica es un círculo bastante cruel. La herida duele, el dolor provoca que el esfínter anal interno se contraiga, esa contracción reduce el riego sanguíneo de la zona, y sin riego la herida no cicatriza. Y como no cicatriza, sigue doliendo.
Romper ese círculo es todo el tratamiento. Por eso lo que funciona no es “curar la herida”, sino relajar el esfínter y arreglar el tránsito para que la herida pueda cerrarse sola.
Cómo se diagnostica
En consulta, con la historia y una exploración cuidadosa. El dolor puede impedir un tacto rectal completo, y no pasa nada: la fisura anal tiene un cuadro tan característico que rara vez hace falta más. Si hay dudas o el aspecto no es el típico, se estudia, porque hay fisuras atípicas que tienen otra causa detrás.
Tratamiento sin cirugía
Es el primer paso casi siempre, y resuelve la mayoría de las fisuras agudas:
- Regular el tránsito. Heces blandas y sin esfuerzo. Es la mitad del tratamiento.
- Baños de asiento con agua tibia, que relajan el esfínter.
- Pomadas relajantes del esfínter (nitratos o antagonistas del calcio), que aumentan el riego y permiten cicatrizar.
- Toxina botulínica en casos seleccionados: relaja el esfínter de forma temporal y da tiempo a que la herida cierre.
Cuándo se opera
Cuando la fisura se cronifica y no responde al tratamiento médico bien hecho durante un tiempo razonable. La intervención de referencia es la esfinterotomía lateral interna, que consiste en seccionar de forma controlada una porción muy pequeña del esfínter interno para bajar esa presión que impide la curación.
Es una cirugía breve, habitualmente ambulatoria, y con tasas de curación muy altas. La conversación que hay que tener antes es la de la continencia: en manos con experiencia y con indicación correcta el riesgo es bajo, pero existe, y se explica antes de operar, no después.
En pacientes en los que ese riesgo pesa más (mujeres con partos complicados, personas con incontinencia previa, suelo pélvico debilitado) se valoran alternativas. Esa valoración es justamente la ventaja de tratar la fisura dentro de una unidad que también se ocupa del suelo pélvico.