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Carcinomatosis peritoneal: cirugía citorreductora, HIPEC y PIPAC

Excelencia y superespecialización en su tratamiento

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Durante décadas se consideró el final del camino. En pacientes seleccionados, hoy no lo es.

Carcinomatosis peritoneal: cirugía citorreductora, HIPEC y PIPAC

La carcinomatosis peritoneal es la diseminación de un tumor por el peritoneo, la membrana que recubre la cavidad abdominal. Aparece sobre todo en tumores de colon, estómago, ovario, apéndice y en el mesotelioma peritoneal.

Clásicamente se consideraba enfermedad diseminada y solo se ofrecía tratamiento paliativo. El cambio de enfoque llegó al entender que, en algunos casos, el peritoneo se comporta como un órgano más y no como una metástasis a distancia, y que tratarlo de forma agresiva y local tiene sentido.

Cirugía citorreductora con HIPEC

El tratamiento consta de dos tiempos dentro de la misma intervención:

  1. Citorreducción. Extirpar toda la enfermedad macroscópica visible, lo que puede implicar resecar peritoneo, epiplón y los órganos afectados. El objetivo es no dejar nada visible: la citorreducción completa es el factor pronóstico más importante de todo el procedimiento.
  2. HIPEC. Administrar quimioterapia a unos 42 grados dentro del abdomen durante un tiempo determinado, para actuar sobre las células que quedan y que no se ven. El calor aumenta la penetración y la eficacia del fármaco.

Es una cirugía larga, que requiere UCI en el postoperatorio inmediato y un ingreso de varios días. No se plantea a la ligera.

PIPAC, cuando la citorreducción no está indicada

La PIPAC consiste en administrar quimioterapia en aerosol a presión dentro del abdomen, por laparoscopia. Es un procedimiento corto y mucho menos agresivo, que se repite en varias sesiones y que se emplea en pacientes con enfermedad extensa en los que la cirugía radical no procede. El objetivo aquí no es la curación, sino el control de la enfermedad, de la ascitis y de los síntomas, manteniendo la calidad de vida.

La selección del paciente lo es todo

No todo el mundo se beneficia. Para decidir se valoran el origen del tumor, la extensión de la siembra peritoneal (que se mide con un índice), la presencia de metástasis fuera del abdomen, la respuesta a la quimioterapia previa y el estado general.

Esa decisión se toma en comité y se explica con franqueza, incluido el escenario en el que la respuesta correcta es que este tratamiento no es el adecuado. Ofrecer una cirugía de este calibre a quien no va a ganar nada con ella no es dar esperanza, es hacer daño.

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