Balón intragástrico: para qué sirve realmente
Excelencia y superespecialización en su tratamiento
Una unidad dedicada a tu patología, con cirujanos centrados en ella.
No es cirugía ni la sustituye. Es una herramienta temporal, útil en el escenario concreto para el que se diseñó.

El balón intragástrico es un dispositivo de silicona que se coloca en el estómago, habitualmente por endoscopia y con sedación, y se rellena de suero. Ocupa volumen, produce saciedad precoz y permite comer menos sin pasar hambre continuamente. Se retira a los seis o doce meses, según el modelo.
Para quién tiene sentido
- Obesidad de grado moderado en la que no está indicada la cirugía bariátrica.
- Como paso previo a una cirugía mayor, cuando hace falta reducir peso y riesgo quirúrgico antes de operar. Es una de sus indicaciones más sólidas.
- Pacientes que rechazan la cirugía o en los que está contraindicada por otros motivos.
Qué se puede esperar
Una pérdida de peso moderada durante el tiempo que el balón está colocado. La parte incómoda del mensaje es esta: cuando se retira, si no se han consolidado hábitos nuevos, el peso vuelve. El balón compra tiempo y da un empujón; no resuelve la enfermedad.
Por eso, en esta unidad el balón se plantea siempre acompañado de seguimiento nutricional y de trabajo sobre los hábitos. Colocarlo sin eso es tirar el dinero con elegancia.
Los primeros días
Son los peores: náuseas, vómitos y molestias mientras el estómago se adapta. Se tratan con medicación pautada y suelen ceder en unos días. Conviene organizar la agenda contando con ello.
Cuándo no se pone
En pacientes con hernia de hiato grande, úlcera activa, cirugía gástrica previa, trastornos de la conducta alimentaria no tratados o incapacidad para comprometerse con el seguimiento. Se descarta en la valoración previa.